El catalán, más que una lengua: una herramienta de cohesión e identidad

28.02.2025

Alrededor de 150 personas disfrutan, desde este otoño, de los cursos de catalán que se hacen en el Ateneu.

Desde este tardor, alrededor de 150 persones disfrutan de las diferentes clases de catalán que tienen lugar en el Ateneu.

Vista la demanada de clases de catalán y la dificultad para crear vínculos que ayuden a la integración de los recién llegados que hay en Cataluña, el Ateneu va pusó en marcha un plan de clases para los nuevos catalanes con tres propuestas diferenciadas.

Por un lado, hay una colaboración con la asociación Salut Sense Sostre, de la mano del Hospital de Campanya de la Església Santa Anna. Siete personas sin techo (de Letonia, Ucraniaa, Rumanía, Marruecos y China) están disfrutando, desde el mes de septiembre de las clases de catalán que se hacen cada sábado con Noemí Ribera y Rosario Ribera. “Cuando los veo recuerdan el concepto de escuela de antes en que se mezclan los alumnos de diferentes edades que comparten aula. Las clases van mucho más allá del lenguaje; les explicamos las tradiciones de casa nuestra y trabajamos la integración del grupo”, explica Jordi Delàs, médico, socio del Ateneu e integrante de la actividad.

D‘esquerra a dreta i de dalt a baix: Agustí Grau, Valeriia  De izquierda a derecha y de arriba abajo: Agustí Grau, Valeriia Smirnova, Yuliia Plowka, Cristina Pacheco, Pavel Putinster, Karina Hidrovo i Carmen Pintor.

Otra de estas actividades que se hacen en el Ateneu en relación a las clases de catalán es la continuidad de las aulas. La avalancha de demandas al Consorci de Normalització Lingüística llevó al Ateneu a ofrecer aulas a los diferentes grupos donde participan un total de 80 personas. “Si vives en Cataluña puede ser mejor para tu vida diaria saber catalán: para anar ir comprar, para hablar con tus vecinps y para hablar la lengua del sitio donde vives”, explica Cristina Pacheco, de Madrid y alumna de un curso del CNL.

Una altra alumna de los cursos del CNL, Carmen Pintor, de Galicia, explica que siempre le havia gustado el catalán, pero li daba mucha vergüenza hablarlo con los adultos, no con los niños. “Es importante conocer la lengua del sitio donde vives y no cambiar al español por que no te entiendan. Cuando tenía una joyería en Barcelona y empezava a hablar en catalán me hablaban en español, pero siempre pedía que no me dejasen de hablar en català”, explica Pintor.

La Karina Hidrovo, de Ecuador, hace dos años que vino a vivir a Cataluña y para ella el catalán porque le gusta mucho la lengua y porque lo considera indispensable como herramienta de integración en el sitio donde resides. “Si vives en un sitio donde se habla una lengua que no es la tuya, por un tema de respeto pienso que se tiene que hablar la lengua del país”, destaca Hidrovo.

Por último, y no menos importante, se creó, con la colaboración de David Jou, El Club del Català con 9 grupos de aprenendizaje (3 grupos presenciales, 6 en línea y 8 personas que hacen clases individualzadas) que suman un total de 60 alumnos. “Tengo alumnos de Rusia, Ucrania y Israel y nos gustaría que vineran alumnos de todas las nacionalidades”, destaca Jou.
A parte de las clases también han hecho salidas al TNC, al Museu Picasso y han disfrutado todos juntos de una calçotada.
Pavel Putinster es alumno y dice que le gusta cuando los catalanes se muestran sorprendidos cuando ven que no estudia español.

El Club de Català también tiene siete parejas lingüísticas que están formadas por personas socias y alumnos. Valeriia Smirnova, de Rusia, explica que “me gusta conocer la gente catalana, su cultura y pienso que aprender una lengua es la mejor manera para hacerlo. Toda la vida he hablado ruso e inglés con mi entorno y el hecho de poder tener una pareja lingüística me ayuda a poder hablar en catalán”.

Agustí Grau, socio del Ateneu y pareja lingüística de Valeria, explica que las parejas lingüísticas “son una muy buena iniciativa y más cuando tenemos el catalán en peligro. Si hay gente que viene a casa nuostra y tienen este interés me parece muy importante. Con Valeria hemos ido al Poblenou a tomar una cerveza, hemos ido a una librería para enseñarle los catálogos de los libros en catalán y ella me ha hablado de Rusia y de la situación actual”.

Finalmente, Yuliia Plowka, de Ucrania, también alumna de El Club de Català, afirma que “aprender catalán es como un juego; me gusta descubrir la lengua y es una posibildtad más en la vida que no se me occuriría rechazar”.

Lea clases son abiertas y desde el Ateneu tenemos el reto no solo de enseñar la lengua sino también llegar al máximo de alumnos posible para vincularlos a nuestro país a través de nuestras actividades.

Está previsto que El Club del Català crezca más y más.